viernes, 7 de diciembre de 2012

ANGELES

En la Biblia sólo se mencionan los nombres de tres de los ángeles, Gabriel, Miguel y Rafael, quien es mencionado en el Libro de Tobías, y sólo aparece en las Biblias católicas y ortodoxas. La Iglesia Católica tiene tal respeto por estos tres ángeles que les ha adjudicado el 29 de septiembre en su calendario de santos. A pesar de ser ángeles, que es una jerarquía espiritual mucho más elevada que la de los santos, la Iglesia se refiere a ellos como San Gabriel, San Miguel y San Rafael.

La mayor parte de la información que tenemos sobre los ángeles proviene de otras fuentes, entre las que están el Talmud y los Midrash hebreos y otras escrituras rabínicas incluyendo la Cábala. El Corán y otros libros musulmanes nos hablan de los ángeles y sus grandes poderes y el Libro de Enoch nos revela los nombres de muchos ángeles, entre los cuales están también los ángeles caídos. 


Un gran compendio de ángeles ha llegado también hasta nosotros de otras fuentes menos conocidas, como los libros de la Apócrifa, El libro del ángel Raziel, La gran clavícula de Salomón, La pequeña clavícula de Salomón, también conocida como Goetia, El arbatel de la magia, El sexto y séptimo libro de Moisés y otros muchos. Pero de todos los ángeles mencionados en todos estos libros, los más conocidos y más venerados son los cuatro grandes arcángeles Rafael, Miguel, Gabriel y Uriel. 

Este último ángel es menos conocido que los otros tres, pero su influencia es inmensa en la tradición angelical. Rafael, Miguel, Gabriel y Uriel están identificados con los cuatro elementos y los cuatro puntos cardinales, los cuales rigen. Los elementos y los puntos cardinales forman una rueda, un círculo de gran poder y magnetismo dentro del cual se encuentra el globo terrestre. 

El primer punto cardinal es el Este, que es donde sale el Sol cada mañana, y corresponde al elemento aire, regido por Rafael. Moviéndonos hacia la derecha dentro de este círculo cósmico, según las agujas del reloj y del Sol, llegamos al punto cardinal del sur, el cual corresponde al elemento fuego, regido por Miguel.

Del Sur pasamos al Oeste, donde se pone el Sol por las tardes, que corresponde al elemento agua y es regido por Gabriel. Y del Oeste pasamos al Norte, que corresponde al elemento tierra y es regido por Uriel.

Si visualizamos a la Tierra dentro de esta rueda solar, podemos ver que los cuatro arcángeles están parados en los cuatro puntos cardinales del planeta en forma de cruz. Cada uno de los arcángeles tiene sus propios colores y atributos y una apariencia especial según la antigua tradición mística.

Arcángeles:

*Rafael se viste de amarillo con reveses violeta. Representa al amanecer y se describe como un adolescente muy bello de ojos azules y cabellos rubios ensortijados que forman una aureola dorada alrededor de su cabeza.

*Miguel, que sigue a Rafael en esta rueda cósmica, se viste de rojo y verde y representa el color del mediodía. Miguel se describe como un hombre joven de unos 25 años de edad. Su piel es clara con tonos dorados, sus ojos son verdes y su cabello es rojo como una llama, espeso y ondulado y le llega hasta el cuello.

*Gabriel se viste de azul claro con reveses anaranjados. Representa a la tarde. Aparenta una edad de alrededor de 35 años. Su piel es tostada, sus ojos azul verde y su cabello bronceado le llega hasta los hombros.

*Uriel es el ángel que cierra la rueda solar, el ángel de la tierra. Se viste de cuatro colores: verde oliva, verde limón, ladrillo, marrón oscuro o negro. Representa al anochecer. Su piel es morena, sus ojos castaños y su cabello castaño oscuro, casi negro, le pasa de los hombros. Uriel es el único de los cuatro arcángeles que tiene barba. Su barba es oscura, espesa y rizada pero no larga. Representa una edad entre los 40 y 45 años. Como es fácil ver en esta descripción de los cuatro arcángeles, estos van madurando en edad según pasamos de un punto cardinal a otro y su apariencia física se va oscureciendo. Esto se debe a que la rueda solar simboliza el día. Desde que amanece hasta que oscurece. Es por eso que Rafael es rubio como el sol naciente y Uriel oscuro como la noche.

Llamadores de ángeles:

Las leyendas o historias celtas cuentan que hace miles de años, los humanos vivían en contacto directo con sus Ángeles Guías o Ángeles de la Guarda, y que, por alguna razón relacionada con el Pecado Original, tuvieron que dejar de vivir junto a sus ángeles. Los Ángeles, apenados por la pérdida de los humanos, les regalaron a los humanos unos colgantes esféricos de plata pura que, al agitarlos, sonaban como campanillas y que servían para avisar a los ángeles cuando ellos estuvieran en peligro o desearan hacer algo con toda su fe. Tambien les pusieron una condición, y es que el llamador de angeles es personal e intrasferible, y que sólo podría ser usado por un humano.

Como limpiar el llamador de ángeles:

Es aconsejable que nadie toque tu llamador, pero si sucede podemos hacer lo siguiente ...

Limpiarlo con un paño blanco y dejarlo toda la noche sobre el paño a la luz de la luna llena. Esto es como un baño de luz purificante para el llamador de ángeles.

Cómo invocar a los ángeles:

Lo más importante antes de proceder a la invocación es darse unos minutos de silencio interno para realizar la petición. La actitud debe que ser la que se tiene cuando se va al encuentro de alguien que apreciamos y respetamos. Es una cita angélica. Se tendrá en cuenta que la letra “H” en los nombres angélicos se pronuncia como “J”. Sentado, de pie o de rodillas, lo importante es sentirse cómodos. Se respira tres veces en forma lenta, se inhala paz y se sopla inquietud.

Luego se dice:

“En el Bendito Nombre de todo lo creado, Yo…………………. invoco a (se nombra el ángel) para que por su virtud y su fuerza me asista en (aquí se hace el pedido correspondiente) ... Así sea.”

Se repite el Salmo correspondiente al ángel del día 7 veces.



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